Va de brujas, mujeres sabias y libres
Aún hoy cuando se habla de brujas, se habla de maldad, de ser abyectos, de pociones milagrosas y sobre todo de mujeres feas y que vivían al margen de una sociedad que las odiaba. Aún hoy tenemos más literatura fantástica que estudios rigurosos, la historia oficial lo considera un tema anecdótico y frívolo.
Durante siglos han sido perseguidas, hoy casi no sabemos cuántas mujeres estuvieron ejecutadas víctimas de la intolerancia. Entre los siglos XV y XVIII fueron legalmente asesinadas entre medio millón y tres millones de mujeres. Persecución que se dio especialmente en las “evolucionadas” sociedades occidentales, Europa y las colonias americanas.
Uno de los primeros inquisidores que razonar sobre la necesidad de perseguirlas estuvo el predicador catalán Raimundo de Peñafort, quien pidió permiso al Papa Alejandro IV. Pero estuvo Juan XXII en 1332 que inició la persecución. Generalmente estuvieron las autoridades locales las que más se ensañaron con ellas. En nuestro le siguió el inquisidor gerundense Nicolau de Eimerich , él en el Directorium Inquisitorum las acusaba de ser “servidoras del demonio”
A mediados del siglo XIV en las zonas rurales catalanas inician las persecuciones, las acusaciones pueden ser de brujería o también de herejía. En Amer (La Selva) en 1427 fue la primera ejecución de la que se tiene constancia, luego siguieron muchas, todavía hoy no se conoce el alcance exacto de la persecución. Las primeras morían en la hoguera, en el siglo XV antes de ser quemadas las embeldaban.
Se trataba de mujeres que generalmente defendían una sexualidad libre y sin ataduras, podían vivir solas o con otras mujeres, eran alquimistas, perfumistas, nodrizas o cocineras. Sabían de anatomía, botánica, sexualidad, amor y reproducción, conocían las plantas y sus virtudes, con conocimientos que pasaban de generación en generación. Eran un modelo que ponía en duda tanto el poder patriarcal como una medicina dominada por la superstición religiosa e incapaz de dar respuestas a las enfermedades al poner por delante sus creencias. Poco a poco van apareciendo estudios que nos muestran unos perfiles más humanos, pero sin sexo. Para ellos es claro, si no tenían maridos o amantes no tenían sexo.
En las actas de sus condenas, en alguna ocasión aparece el pecado de lujuria, raramente contaba más. Seguramente se referían a relaciones sexuales entre ellas, de haber intervenido hombre la referencia habría sido diferente.
Una acusación de brujería podía tener orígenes muy variados, tenemos el caso de la Juana de Arco, quemada en 1431, acusada de brujería y de haber “vestido como hombre“. Una mujer que huía de su casa tenía muchas posibilidades de acabar así. Jaime I no aceptó los médicos cristianos, recibió acusaciones de ir con herejes y brujas, siendo amenazado de excomunión.
Han sido siglos de ejecuciones y torturas contra mujeres sabías y libres que acabaron con una muerte atroz, en muchas ocasiones. La historia las ha liquidado, dejándolas dentro de los apartados del folclore o la literatura fantástica. Silvia Federici denuncia que se trata de: “Una indiferencia que ronda la complicidad, ya que la eliminación de las brujas de las páginas de la historia ha contribuido a trivializar su eliminación física en la hoguera“.